Alrededor de Jokhang

Hay pocos enclaves en el mundo que transmitan las sensaciones que se viven alrededor del templo de Jokhang. No es paz ni es harmonía, quizá sea una emoción para la que los occidentales no tenemos palabras.

Allí estuve por dos días, dando vueltas al templo, como los demás peregrinos, solo que en lugar de llevar el rodillo tibetano, en mi mano colgaba mi cámara de fotos. Estaba absorto por tal espectáculo de gente rezando, arrodillándose, andando. Sin otro pensamiento que el de sus oraciones. Incienso quemado inundando todo el ambiente, el silencio de palabras y el murmullo de miles de personas girando a tal singular templo.

Así el Templo de Jokhang ha estado recibiendo devotos por casi mil quinientos años. El templo que ensombrece por completo el Palacio de Potala, el cual se encuentra a varios cientos de metros.

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